
Para afrontar la obesidad es totalmente necesario que la persona realice un análisis interno sobre lo que quiere y lo que le conviene. Si quiere bajar de peso solo para tener una imagen aceptable para la sociedad, que relaciona la delgadez con una persona exitosa y atractiva, o si quiere volverse una persona saludable al disminuir riesgos de contraer enfermedades que contrae la obesidad. Si la persona busca la vana aceptación social al verse delgada, lamentablemente encontrará en el mercado numerosas sustancias “milagrosas” que lejos de tener fundamentos científicos; ocasionan numerosas complicaciones y efectos secundarios. Y a pesar de esto siguen siendo consumidos por una población bastante relevante, a la cual no culpo por que esta ha sido engañada por “farmacéuticos” sin escrúpulos, empresas engañosas y tradiciones erróneas. Además de creer en la falsa esperanza de que exista una solución milagrosa para su obesidad, lo cual todavía incrementa más las ventas de los productos “milagrosos”. Los negocios aprovechan entonces, la ignorancia y la inocencia de las personas para beneficiarse, y lo seguirán haciendo si no existe una ley que se ocupe de estos fanfarrones y que por supuesto exista alguien que haga acatarla.
Pero como todos sabemos tristemente eso no va a suceder, entonces será obligación de los profesionales de la salud instruir a la gente sobre las complicaciones que pueden causar los productos milagrosos y obviamente también es obligación del consumidor saber lo que esta ingiriendo y no simplemente tomarlo por que le dijeron que lo hiciera; por que existe la creencia que los productos naturistas no causan ningún daño, pero esto se aleja mucho de la realidad por que pueden causar hipo o hipertiroidismo, alergias, deficiencias de micro nutrientes, interacciones con fármacos e incluso pueden ser carcinogénicos entre muchos otros perjuicios.
Pero ante todo intentaré ser ecuánime para crear un criterio amplio, y no sonar tan tajante y fatalista con los productos milagrosos y darles un poco de crédito. Por que pienso que varios de ellos pueden ser en cierto nivel eficaces como por ejemplo las fibras (plántago, glucumanano) que tienen todos los beneficios de la fibra: una absorción limitada de lípidos, motilidad intestinal adecuada y ayuda al mantenimiento de la flora intestinal y esta por su parte crea ácidos grasos de cadena media que servirán como sustrato del intestino y coadyuvarán en su buen mantenimiento. Lo cual me parece bastante benéfico pero como todo, siempre existe un límite; pues su consumo excesivo y de forma crónica si contraería efectos secundarios.
Sobre los anorexigénicos (garcinia) creo que también puede que funcionen, pero antes de su utilización, debe de contar con un sustento científico al igual que todas las demás sustancias que pretenden ser un tratamiento contra la obesidad. Y al igual que los anteriores deben tener un límite de consumo, tanto de tiempo como de dosis.
=O!! Es cierto!! Yo tomé unas pastillitas que a final de cuentas me hicieron mucho daño. No lo he comprobado al 100, pero siento que fueron las culpables de mi pseudogastritis. Aunque, por lo mismo empecé a comer más sano y sí bajé mucho de peso, jajaja, qué ironías.
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